Cuando reia, trataba de saboriar cada suspiro que se escapaba de su boca
cada imajen, y le envolvia en un manto de saliva.
Y mientras dormia, le miraba y le sentia el alma, llena de ilusion, le veia quieta, cansada
abandonada entre un monton de cosas que significaban un todonada
dando saltitos con el viento, dibujando cada cosa con las palmas
viendo de sus ires y venires, sus caminatas y corridas plasmadas
en un monton de papeles viejos, en el remeson del silvido entre la alborada, en su cama
aquella vieja y aturdida, tan de placeres inimaginables extasiada.
Y esa que gemia bajito por no despertar a los niños
esa que gritaba alto solo para incomodar a los vecinos
esa que miraba cada noche esperando una nueva danza.
cuando escribia se arremolinaba entre las sabanas, pretendiendo volar hacia las luces
pretendiendo despegar las palabras del suelo, recojerlas de los rincones, acomodarlas
maniatarlas entre un manojo de besos de agua, de cantos ajenos, de opiniones robadas
alariando alto alto y bajito, revolcandose en el monson de los olvidos y silencios
alardeando de todo aquello que no dice, de la fineza de sus piernas, de la carnocidad de sus labios
anhegando los llantos de otros, los dias de otros, los sueños de otros
saboriando en un frenesi casi alarmante el solo hecho de permanecer erguida
viendo que sus pies consumen el dia a dia, deleitandose de poder ser egoista, aunque sea solo por un ratito, quitar de si aquella espina
y volver a soñar