diciembre 23, 2010

Para empezar

A ti, mi amante sombrio
a tu mirada dulce, a tu parpadear tardio
he entregado mi alma añeja, borrascosa
en este cuerpo juvenil y vivo...
Restregado de atardeceres marchitos
de noches inagotables
de suspiros inagotables, interminables
tantos placeres inscritos...
A ti, mi eterno niño
mi hombre viejo, cansado
bañado de luces, de salvajidades
de naturalezas incalculables
de credos inmaculados
sobajiados de cesos y estruendos de huesos;
Te he dado entre palabras de paladar inquieto mas de mil besos
y mas de cien versos
estampados, mojados, rayados en los muros
en los tinteles de las casas, en las plazas.
He hecho de tu sonrisa mi escapulario
y a raiz de sangre mi estandarte.
He predispuesto a ti una vida
mi vida
(nunca olvides aquello).