Déjame que encuentre la mirada grácil tras tu implacable misterio
Observarte en silencio, oculta desde lejos
Enviarte besos en alas de delirios
Elevarte entre las manos de mis abismos.
Déjame dormir bajo el umbral de tus deseos
Bajo la noche de tus ojos, acurrucada entre suavidad de plumas
Y tus pestañas inquietas, oscuras, adormezcan mis palabras, mis pensamientos.
Déjame tocar la lejanía de tus pesares, déjame ser yo quien los repare
Tener alma de ruiseñor, de días lluviosos, de tempestades de mares
Ir cada noche y cantarte, tener una excusa para llamarte
Para verte, para escondida acariciarte
Enjuagar tus cabellos con lirios de luna, lágrimas de plata, hacerte señor de mis dominios
De mis melodías de cuna, de mi aleteo herido, de mis ojos dormidos.
Déjame darte el lazo de mi vestido
Arrullarte bajo el cielo raso
Déjame posar tus ideas cristalinas sobre mi regazo.
Mi amor, déjame una vez mas recitarte mis mil vidas
Mis alegrías, mis disparates y huidas
Ser la dueña de tus versos, ser la que por encantarte no tiene perdón
Ni día, ni tiempo, ni razón