diciembre 23, 2011

El dibujo de esa vez.

Mirando hacia la nada, de frente hacia la nada y sin mas que dar que mis manos,  lo único. Ojalá acaricien y sepan disimular frente aquel cuerpo ajeno y desnudo, allí en la nada misma, llenando el hueco que quedo tras las negativas sensatas (y por cierto muy cuerdas) después de aquel nuevo rumbo que escogiste, Romulo, el día en que partí. Y no se si me saben a pan quemado, o a cielo grisáceo; No sé si seguir con la mollera dura y chillar, chillar bien fuerte y besar como una magdalena tus pies húmedos y cansados... no se si aceptar cabis bajo o entregarme como cordero al matadero, así... en un silencio enternecedor con los ojos enormes y mojados; entregada así, calladita. Luego cae la sangre, degollada el alma y el pueblo con cara de espanto, la luna sigue ahí... ahí! mira ahí esta, la misma luna... Ya no la ves, te escondes entre tus libros como si fuesen cipreses y no se porque mierda, mi figura se me apetece como la de un lobo al acecho y así fue, lo único que hice fue devorar, rascar tu carne y desangrarte al alba... Si me vieras ahora, Romulo, los ojitos hinchados, la boca seca y los dedos heridos, con carita de perro enfermo, así con lo ojitos de antes... dando saltitos junto al teléfono como si con un ringrineo llegase aquel ronroneo otoñal, tomase la bicicleta con la cadena oxidada, las ruedas pinchadas da igual, pedaleando rápido, rápido para llegar allá tan lejos que estas y sentarme frente a tu puerta, rasguñando para que me oigas, asi me dejes entrar.